De $26.000 a un
sueño en crecimiento.
Soy Lautaro. Esta es la historia real detrás de cada pedido que enviamos desde Market GO.
Un emprendimiento que comenzó a mis 15 años y hoy sigue creciendo como tienda mayorista de tecnología, accesorios y productos para el hogar en Lomas de Zamora, Buenos Aires.
15 años, $26.000
y muchas ganas.
Empecé este camino el 6 de mayo de 2024, a los 15 años, con apenas $26.000 y la convicción de construir algo propio. Esta página es, sobre todo, un agradecimiento a quienes confiaron en mí desde el primer momento.
Mi inicio fue humilde. Solo contaba con una computadora del Gobierno de Pilar que apenas servía para navegar por Google, pero fue suficiente para arrancar. Con esa herramienta empecé a buscar precios y proveedores, siempre tratando de conseguir el mejor costo posible.
Mínimos de $70.000 con
$26.000 en el bolsillo.
Los mayoristas pedían compras mínimas de entre $70.000 y $100.000. Yo tenía $26.000. Eso me obligó a viajar y recorrer distintos lugares para encontrar ofertas y asegurarme de que cada peso valiera la pena. Al principio vendía unidad por unidad. Con el tiempo me animé a ofrecer ventas mayoristas, lo que me permitió rotar la mercadería más rápido y seguir creciendo.
Vendiendo en la calle: perfumes, tecnología y mucho más, producto a producto.
Construyendo confianza,
un pedido a la vez.
Me acerqué a kioscos y comercios chicos que conocía o encontraba por redes sociales. No fue un camino fácil: hubo errores y hasta algunas estafas que me enseñaron a ser más cuidadoso y firme. Con cada venta fui ganando confianza y ampliando mi red de clientes.
“Cada compra importante era motivo de orgullo: las primeras sillas de oficina, un escritorio, una laptop, un monitor. Cada una era la prueba de que el esfuerzo estaba dando resultados.”
Las primeras cajas de stock, organizadas como se podía, en el escritorio de casa.
Cuando el espacio
se quedó chico.
A medida que la mercadería crecía, incorporé estanterías para organizar mejor y separar mi mini oficina de la zona de depósito. La habitación dejó de ser solo un lugar para dormir y se transformó en un centro logístico, hasta que también ese espacio quedó chico y fue necesario buscar un depósito más grande.
El nuevo depósito, todavía en obra, antes de llenarse de estanterías.
Cajas por todos lados: cada una, pedidos por organizar y despachar.
El depósito ganando orden a medida que el negocio crece.
Imprevistos, humedad
y dormir entre cajas.
Hubo días en los que dormía en el piso, rodeado de mercadería, sin wifi ni luz adecuada. También hubo imprevistos como filtraciones de agua en el depósito que había que resolver al instante para no perder stock. Pero el entusiasmo y la pasión por lo que hacía siempre fueron más fuertes que cualquier dificultad. Cada sacrificio se convirtió en un paso adelante.
Imprevistos del día a día: una filtración de agua para resolver rápido.
La oficina tomando forma, de a poco, con lo que había disponible.
El mismo trabajo,
una escala distinta.
Hoy sigo con la misma pasión del primer día: incorporando productos, mejorando procesos y buscando dar la mejor atención posible. Lo más valioso de este camino no es solo el crecimiento del negocio, sino todo lo aprendido en el proceso.
El centro de operaciones actual: gestión de pedidos, stock y despachos día a día.
Cada día arranca igual: revisar pedidos, organizar stock y seguir para adelante.
Más estanterías, más variedad: cada producto nuevo es un paso más.
A quienes confiaron
desde el día uno.
Quiero agradecer especialmente a todos mis clientes antiguos y a los nuevos que confían en mí día a día. Ustedes son una parte fundamental de esta historia.
Mi camino demuestra que no importa con cuánto empieces, sino con cuánta pasión y perseverancia sigas. Cada pequeño paso, cada desafío y cada logro valen la pena cuando se construye con esfuerzo y dedicación.
Cada nuevo pedido es parte de esta historia que sigue escribiéndose.
Gracias por acompañarme en esta aventura. Sigo trabajando todos los días para ofrecer siempre lo mejor.